¿Por qué los hombres son incapaces de adaptarse al nuevo mundo?


El mundo está cambiando. Tanto en el ámbito académico como profesional los valores, la forma de trabajar o las recompensas se han transformado. Pero los hombres parece que son incapaces de darse cuenta de que todo se está alterando.

En colegios e institutos los resultados académicos de los chicos se están quedando atrás y en Estados Unidos los varones ya suman tres de cada cuatro suspensos o suficientes. Además, sólo el 40% de los títulos de grado o licenciaturas va a los hombres, además del 40% de los grados de máster.

Tener menos competencias o menos conocimientos está también reduciendo la fuerza de trabajo masculina. Mientras en 1954 el 96% de los hombres de Estados Unidos entre 25 y 54 años trabajaba, hoy la cifra se ha reducido al 80% y la participación es cada vez menor. Esto significa que los hombres podrían estar quedándose estancados en sus capacidades laborales al mismo tiempo que sus sueldos están bajando: los ingresos anuales del trabajador hombre medio han caído un 28% en los últimos 40 años.

Es cierto que los grandes cargos en las cúpulas empresariales siguen siendo básicamente masculinos, ya que muchas mujeres han optado por dedicarse a la vida familiar o compaginar ambos ámbitos. Pero eso no significa que las nuevas generaciones de mujeres no vengan pegando fuerte: las mujeres entre 20 y 30 años ya ganan más que los hombres de su misma edad y 12 de las 15 profesiones que más rápido están creciendo están dominadas por las mujeres, según ha publiocado el New York Times.

Durante años esta tendencia se ha explicado asegurando que la nueva economía de la era de la información recompensa cualidades que, por razones neurológicas y culturales, las mujeres son más propensas a tener. De hecho, hoy en día se valora ser capaz de mantener la atención, tener capacidades emocionales y ser consciente del contexto o saber comunicar de forma suave. Pero para Hanna Rosin, autora de “The End of Men” (El final de los hombres), la nueva situación tiene más que ver con la adaptabilidad.

Según Rosin, las mujeres son como inmigrantes que se han ido a un país nuevo, y en ese nuevo contexto social tienen la flexibilidad para adaptarse a las nuevas circunstancias que las rodean. En cambio, los hombres son como inmigrantes que físicamente se han desplazado a otro país, pero psicológicamente siguen en el viejo, hablando el viejo idioma y siguiendo las viejas costumbres.

Pero la teoría de Rosin tiene más que ver con la posición social y no tanto con las cualidades de cada género. Es decir, cuando se produce un gran cambio social, la gente que suele estar en las posiciones de poder es más rígida a la hora de abandonar sus viejos hábitos. En cambio, la gente que está en la parte inferior de la pirámide social está deseando experimentar las nuevas posibilidades que le abre el cambio.

No se trata de ganar ninguna guerra entre hombres y mujeres, ni con que lo que están consiguiendo las mujeres sea resultado sólo de que los hombres ahora lo hagan peor. La clave está en la capacidad de adaptación de las mujeres a una economía más flexible. Según Rosin hay que entenderlo como si las mujeres de hoy hubieran hecho borrón y cuenta nueva, abandonado las preconcepciones feministas y pre-feministas, mientras que los hombres siguen aferrados a unas viejas reglas que limitan su visión y sus movimientos.

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