¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando nos concentramos?


Conocer cómo funciona la atención selectiva es todavía un reto importante para la neurociencia. Y es que para nuestro cerebro, diferenciar entre los estímulos importantes y el ruido, es un desafío que debe afrontar diariamente.

Hace un tiempo Eduardo Arcos nos hablaba en esta entrada sobre siete trucos que podían ayudarnos a mantener la concentración. Seguro que en nuestro día nos encontramos con más de un problema para lograr focalizar nuestra atención en un objetivo en particular, por lo que es difícil que alcancemos un rendimiento óptimo.

A más de un lector le sonará común esto, y es que las distracciones están en todas partes: teléfono, correo electrónico, servicios de mensajería, ruido en la calle. Circunstancias, al fin y al cabo, que disminuyen nuestra eficacia en nuestro día a día, y contra las que debemos luchar si queremos no distraernos.

En el estudio del cerebro, se define la atención selectiva como el proceso cognitivo de tipo discriminatorio, que utiliza principalmente la selectividad, ya que nos ayuda a tomar conciencia de un único aspecto en el escenario complejo de la realidad.

Y cuando hablamos de atención visual selectiva, resulta inevitable preguntarnos qué pasa en nuestro cerebro cuando nos concentramos. ¿Qué trucos empleamos para focalizar nuestros esfuerzos en realizar una única tarea? ¿Qué hace que podamos evitar todos los estímulos distractores que nos rodean?

El cerebro no funciona de la misma manera siempre. En neurociencias, se considera que existe un cierto sesgo de nuestra mente para no responder de igual forma ante determinados estímulos. La distinta atención que prestemos no dependerá solo de las características propias de los estímulos, sino también del espectador, ya que habrá variaciones según sus expectativas o su estado emocional, por ejemplo.

De hecho, resulta fascinante comprender qué ocurre en nuestro cerebro cuando nos concentramos en determinadas situaciones muy específicas, como por ejemplo ante señales de alarma. Algunas investigaciones hablan de que la rápida detección y la priorización de recursos cognitivos son factores clave para dar una respuesta adecuada en situaciones de riesgo.

De forma adaptativa, los trucos empleados por nuestro cerebro cuando nos concentramos también son interesantes, ya que ante información positiva, es importante que recojamos todos los datos posibles. Esto nos permitirá tomar de nuestro entorno elementos variados, lo que redundará en en estados emocionales positivos, mayores recursos y posibilidades de respuesta en el futuro, etc.

En lo que se refiere a focalizar toda nuestra atención en un único objetivo, los científicos han descrito tres etapas importantes: la orientación de la atención, el desplazamiento del foco donde nos queremos concentrar, y por último, la actividad modular de nuestro cerebro para conseguirlo.

Y tras estas características, resulta lógico pensar que de lo que vemos con nuestras retinas a lo que percibimos en nuestra cabeza, hay una gran diferencia. Esto es debido a que nuestro cerebro cuando nos concentramos, utiliza distintos filtros selectivos, que pueden presentar mayor o menor rigidez. El agrupamiento y la segregación perspectiva son criterios fundamentales para que podamos atender a un único estímulo.

Si observamos la siguiente imagen, que utiliza Pedro Raúl Montoro en su tesis doctoral, veremos cómo nuestro cerebro agrupa ambas imágenes por sus columnas y no por sus filas, a pesar de la diferente orientación de las mallas. Las investigaciones que ha habido sobre este tema sugieren que la agrupación de varios estímulos puede irse actualizando. En otras palabras, nuestra atención no funciona de manera única tras percibir visualmente un estímulo, sino que existe una especie de retroalimentación que facilita que nuestro cerebro permanezca siempre alerta.


Otras de las investigaciones interesantes que ha habido sobre el tema es la relación entre la actividad de nuestro cerebro cuando nos concentramos y la existencia de alteraciones como el famoso trastorno por déficit de atención con hiperactividad o TDAH. Los científicos apuntan a que las facultades intelectuales que parecen funcionar cuando nos concentramos, y que estarían dañadas en este síndrome, serían las siguientes:


El autocontrol, tanto de nuestras emociones, como de la motivación y el nivel de alerta. Y es que como podemos imaginar, nuestras reacciones emocionales también suponen una fuente de distracción importante cuando nos concentramos. 


La conocida como memoria de trabajo es también fundamental, ya que nos permite actuar con un 'comportamiento objetivo', esto es, nos prepara para una situación de introspección, donde mejoraremos el procesamiento de pensamientos e ideas y la realización de tareas complejas. 


También en la mejora de la atención es importante la internalización del lenguaje. Desde que tenemos aproximadamente seis años de edad, utilizamos un lenguaje de manera interna y consciente, que nos ayuda a jerarquizar ideas y ordenar pensamientos, para aprender y atender los diferentes estímulos que ocurren en el mundo que nos rodea. 


La reconstitución, que se parece en cierta manera al 'proceso de retroalimentación' del que hablábamos antes. Y consiste en dos pasos sencillos: analizar lo que sucede y a partir de ahí, deducir nuevos comportamientos que no hubiéramos aprendido antes por medio de la experiencia previa. 

Aunque aún quedan muchos interrogantes sobre lo que sucede en nuestro cerebro cuando nos concentramos, hoy sabemos que nuestro comportamiento va dirigido a suprimir estímulos que no nos sirvan para nada. En otras palabras, son las regiones parietales y prefrontales de nuestro cerebro las encargadas de identificar, en caso de conflicto entre varios estímulos, la respuesta adecuada para dirigir toda nuestra atención en el objetivo.

La resolución de este conflicto precisamente nos previene de situaciones de distracción muy habituales, y parece ser que es el procesamiento de la información visual el responsable de discernir los diferentes estímulos. Aunque existe una gran variedad de estudios que tratan de identificar mediante resonancia magnética las zonas del cerebro implicadas, un trabajo publicado en Neuro Image apunta a la corteza visual primaria como la región más activa en este procesamiento.

No en vano esta zona de nuestro cerebro está altamente especializada en el procesamiento de información y es la encargada de realizar el reconocimiento de patrones. Dos tareas sin duda imprescindibles en la selección de 'nuestros' objetivos, y en el descarte de posibles estímulos que nos distraigan.

Aunque aún queda mucho tiempo para que podamos comprender del todo cómo funciona nuestra atención, lo cierto es que la complejidad de los procesos cerebrales resulta, sin lugar a dudas, fascinante.

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