Tu nuevo superpoder: decir “no”


Tu nuevo superpoder: decir “no”
No estamos acostumbrados a decir que no y por ese motivo nos cargamos de más trabajo del que realmente podemos atender, pero decir que no a un compañero de trabajo o incluso al jefe, nos otorga un poder ilimitado en nuestra productividad diaria.
"La gente evita el "no" porque una confrontación resulta desagradable", la clarificadora frase la extraemos de Rework, la transgresora obra sobre productividad que está rompiendo moldes. Una afirmación que sin duda invita a la reflexión, pero... ¿a qué se refiere exactamente? Puedes pensar que decir que no a algo se trata de un asunto menor, pero lo cierto es que entraña algo de mucho más alcance y que afecta de lleno a tu productividad. Ha llegado el momento de reconocerlo ¿tendrías menos trabajo y caos en tu jornada si hubieras dicho que no a ciertas tareas o trabajos menores? Si eres sincero contigo mismo reconocerás que esto es cierto: tendemos a aceptar por encima de nuestras posibilidades y al final acabamos pagando el pato con estrés, saturación y horas perdidas.


El trabajador que sabe utilizar el "no" en su día a día con inteligencia es mucho más productivo porque se centra mucho más en su trabajo
¿Por qué nos cuesta decir que no a algo? Time se refiere a la negación como 'una agresión' que en realidad no es tal. De hecho, sobrevaloramos el posible efecto contrariador de una negativa y la mayoría de la gente acepta los decir "no" como respuesta. Dicho de otra manera, por suponer que nos va a generar un conflicto, damos una respuesta equivocada a nuestro interlocutor y nos llevamos una carga suya que luego nos pesará, y mucho. Este flanco de nuestra personalidad está muy extendido, y por desgracia, hay quienes son maestros en aprovechar nuestra debilidad cargándonos de tareas que en realidad no nos corresponden. Y en el ámbito laboral es fundamental ser un poco egoísta en lo que respecta al reparto del trabajo.




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Decir que no con elegancia

Si ya te hemos convencido de la importancia de negar tareas que nos asignen por despiste o mala fe, antes de que te animes a ejercitar este legítimo derecho es importante tener en cuenta algo: se deben mantener las formas a la hora de decir que no. Convendrás que recibir una negación es siempre más desagradable que escuchar un "yo me encargo" o un "a mi cuenta", y por ello es muy importante combinar la rotundidad con la mano izquierda a la hora de comunicar la negativa. La psicología juega un papel fundamental para ayudarnos a lograr nuestro propósito sin llegar a generar un conflicto que nadie desea. Esto se conoce bien en la aviación civil, donde en cabina se cuidan mucho las formas a la hora de comunicar las decisiones para consensuarlas sin generar conflictos. De esta manera, si alguien nos intenta cargar con algo es muy diferente decir "No. ¡Hazlo tú!" que "No puedo encargarme de hacer eso en condiciones ¿puedes hacerlo tú?". Como siempre, el uso del lenguaje marca la diferencia.
Sin embargo, no deberíamos disculparnos ni decir que no con malestar: no aceptar algo es un derecho en nuestro poder que nos ayudará a terminar mejor nuestro trabajo. Y este es uno de los puntos calientes de las negativas: el error de creer que además de generarnos un posible conflicto, hará que el resto de las personas se vean decepcionadas. Si lo quieres ver de una manera más gráfica, volveremos a recurrir a la obra con la que abríamos el artículo en una cita: "decir que no es como romper con tu pareja: si no lo haces para evitar disgustos te quedas fatal, pero si te decides a romper para ser más feliz, pasas el mal trago sólo en el primer momento". Esta filosofía de negar para llegar a lo simple la aplican algunas empresas, como ING Direct, uno de los pocos bancos que niegan al cliente algunos productos para centrarse en ser buenos en lo que hacen.


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Decir decir "no" para ser mejores en nuestro trabajo

Es tentador pensar que decimos que no para vivir más tranquilos y relajados, y por extensión asumir que los empleados que se niegan a asumir tareas que no les competen son unos vividores, pero nada más lejos de la realidad. El trabajador que sabe utilizar el decir "no" en su día a día con inteligencia es mucho más productivo porque se centra mucho más en su trabajo. Es decir, que al negarse a aceptar nuevos trabajo, deja la vía expedita para poder hacer bien el suyo y con una calidad elevada. Y esto no pienses que es únicamente aplicable con tus compañeros de trabajo, sino también con tu propio jefe, que en lugar de contrariarse debería estar encantado de contar con un empleado tan responsable que se preocupa en primer lugar por la calidad de su trabajo.
En esto del arte de decir que no a algo, hay que ser minucioso, como en cualquier otro asunto de nuestras vidas. No se trata de negar porque sí, sino de ser realistas y evitar abarcar algo que a buen seguro no podremos atender en condiciones. En el ensayo The Book Of No (el libro del no), la psicóloga Susan Newman nos recuerda que la gente que ha hecho suyo el hábito de decir "no" es mucho más libre y detecta a distancia los caraduras que intentan robarnos nuestro tiempo para ir ellos más ligeros. Y extiende, de hecho, la poderosa respuesta negativa al ámbito social: ¿cuántas veces nos hemos visto a nosotros mismos diciendo aquello de 'no faltaré' a aquella fiesta o celebración que nos va a estresar la jornada? Ya sabes: tienes una nueva disciplina en tu vida a dominar. Y no vale decir que no...



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